¿Cómo se gestiona la diversidad en las aulas europeas?

En esta jornada del curso «Estrategias para la gestión en aula y técnicas de enseñanza efectivas» en Split, nos acercamos al mundo de la gestión de las necesidades especiales en el aula.  No hay ninguna receta perfecta para alcanzar la inclusión, pero nada mejor que compartir ideas y casos reales para inspirarnos con cómo podemos mejorar.

Al inicio de cada curso académico los departamentos preparan y actualizan las programaciones con los contenidos, objetivos, metodologías y todo aquello relevante para el correcto desarrollo de cada asignatura. Una parte fundamental es la gestión de la diversidad en el aula. Ya sabemos que igualdad no es sinónimo de equidad y como docentes tenemos la responsabilidad de asegurarnos que todo nuestro alumnado pueda desarrollar el proceso de enseñanza y aprendizaje en función de sus características, pero ¿cómo lograrlo?

En esta jornada analizamos la evolución hasta la “pertenencia” (belonging) de cada alumna/o. Esta solo se logra cuando se aúnan esfuerzos para garantizar la equidad, la inclusión y la diversidad en el aula. Analizamos el caso croata, bastante similar al sistema educativo español y lo contrapusimos con las compañeras procedentes de Finlandia y Suecia. Debatimos sobre cómo fuimos evolucionando desde la segregación del alumnado en escuelas especiales a la integración en grupos diversos dentro de las aulas y, por último, la consecución de la correcta inclusión de este alumnado dentro del grupo aula. Al final, las conclusiones son siempre las mismas: la diversidad enriquece y para su gestión son necesarios recursos y formación.

Es interesante comprender la perspectiva finesa. Allí lo que es obligatorio es el aprendizaje, no la enseñanza. Por tanto, una familia tiene la libertad para no escolarizar a sus hijos si, por la razón que sea, deciden educarlo en casa, ¿qué resultados tendría si aplicásemos esta nueva visión en España? ¿Sería un paso adelante o retrocederíamos a la segregación?

Por último, conversamos sobre el engranaje que hace que el motor del proceso de enseñanza-aprendizaje funcione: la motivación. Nos centramos en cómo ofrecer críticas constructivas que motiven al alumnado a reflexionar sobre su propio desempeño. No se trata de destacar aquello en lo que se ha fallado, sino en motivar y ofrecer los recursos para que cada alumno sepa y quiera hacerlo mejor.

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