Oporto, día 4: Caminando por una montaña de basura

LIPOR desde lo alto de una montaña de basura

Esta panorámica de Oporto y de LIPOR (en primer plano) está tomada desde lo alto de una montaña de basura, literalmente: una montaña de basura. Lo que fue durante décadas el vertedero de Oporto es ahora un centro de recogida, reciclaje y recuperación de residuos del área de Oporto, que sirve a las municipalidades de Espinho, Gondomar, Maia, Matosinhos, Oporto, Póvoa de Varzim, Valongo, y Vila do Conde. La visita a este centro era la actividad que nos tenían reservada para nuestra cuarta jornada de curso en Oporto. Y, lo cierto, es que no pudo sorprendernos más.

Mis visitas a los puntos limpios de Cádiz y San Fernando, la zona en la que vivo, no me han proporcionado una visión agradable de la forma en la que manejamos nuestros residuos (no basuras, hay mucha diferencia, como bien se han ocupado de hacernos ver nuestros trainers Sandra y Fernando). A pesar de las campañas por parte de los organismos encargados, en general no hay un buen conocimiento a nivel popular de qué es un residuo y qué es basura, qué es reciclable (y cómo) qué no es reciclable. Salvo el vidrio y, últimamente, el papel/cartón, no veo que, insisto, en general, se tenga muy claro dónde va cada uno de nuestros residuos. A veces, incluso el esfuerzo individual en nuestros hogares y/o trabajos se ve frustrado por acciones irresponsables por parte de los encargados de recoger esos residuos seleccionados y arrojarlos todos al mismo contenedor.

LIPOR es un centro ejemplar en ese sentido, sugiero que acudáis a la web del organismo y descubráis ahí lo que yo, torpemente, puedo describir aquí. Vaya por delante una imagen ilustrativa de lo que nos íbamos a encontrar: efectivamente, en el centro de transferencia de residuos urbanos había jardines, zonas deportivas e incluso un parque de aventura.

Es cierto que este centro atiende a un área muy poblada, pero creo que la población, su densidad o su cuantía no son excusas para poder hacer las cosas bien y, creo, desde la perspectiva mi visita a dicho lugar, que en la Bahía de Cádiz estamos lejos de estar haciendo bien los deberes en lo referente a recogida, manipulación, reciclaje y recuperación de residuos.

Lo primero que visitamos fue el punto limpio, el área donde los residuos clasificados van cada uno a su contenedor. Las palabras punto limpio realmente definían al lugar: estaba limpio. Lo más importante de este lugar era el centro de recuperación en el que algunos técnicos daban una nueva vida a muchos de los residuos, por lo general electrodomésticos (incluso videoconsolas), que, posteriormente son donadas a centros de caridad o de ayuda.

El siguiente paso es visitar el área de procesado de estos residuos: envases plásticos y metálicos. Digamos que nos recomendaron usar mascarilla en algunas zonas de nuestra visita y no precisamente por las posibilidades de contagiarse de COVID, no olía «a victoria» precisamente.

Digamos que, en momentos como este, uno claramente percibe la relatividad del tiempo, en el interior de aquella instalación las agujas parecían ir bastante más lentas que en el exterior del edificio, la variable del olor (hedor) tenía mucho que ver en esa ralentización.

Nuestras fosas nasales entraron en reposo cuando, tras salir pudimos acceder a una zona que actuaba como huerto para los trabajadores de la planta. Un túnel verde en el que eran visibles: moras, uvas y muchas otras frutas, actuaba como bálsamo para recomponer nuestro maltrecho sentido olfativo (y auditivo y, también, el visual).

Un verdor balsámico

Nuestras siguientes visitas se centraron en el edificio para usos educativos y en la compostadora, ambos unidos por una pasarela acristalada en la que no era recomendable permanecer mucho tiempo si no se quería experimentar el efecto invernadero en el verano de Oporto.

Desde ahí, nuestros pasos se dirigieron, finalmente a lo que da título a este post: la montaña de basura. El antiguo vertedero de Oporto, hoy día convertido en lo que es, una instalación verde, recubierta de pinos, alcornoques, robles y algunos otras especies arbóreas y arbustivas.

La visita continuaría más tarde, después de nuestro habitual y opíparo coffee break, por los talleres de educación ambiental. donde se nos habló de los diversos talleres que se realizan allí, especialmente los de avistamiento de aves. Ahí acabo nuestra visita a LIPOR y Horta da formiga. Una visita que nos ha abierto bastante los ojos en lo relativo a la educación ambiental y al tratamiento de los residuos urbanos.

Hasta ese momento no le había dedicado mucho tiempo a Gaia, la ciudad que se alza enfrente de Oporto, al otro lado del Duero y que alberga la mayoría de las bodegas de del denominación Porto, la más antigua de Europa: ya supera los 250 años. Así que había llegado el momento de desquitarse y de visitar y/o catar los vinos de la zona.

La visita a la bodega se frustró ya que no encontramos entradas para la más interesante de todas: Ferreira; sin embargo, esto no podía quedar así, teníamos que darnos el homenaje y la consiguiente cata y, por fin, lo conseguimos. Encontramos un lugar, Piano Douro Valley, donde catar las diferentes variedades de Oporto (ruby, tawny, white, lágrima…)

La cata fue estupenda, y probar la variedad lágrima fue todo un descubrimiento que recomiendo a todo el mundo. Reconozco que, tras la cata, se me hizo bastante necesaria la ingesta de un buen café portugués. Y hasta ahí puedo leer.

Y así, aunque muy tarde, ahí dejo la crónica de lo que fue la cuarta jornada del curso «There’s no Planet B» en Oporto.

Seguiremos informando.

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